NAZIMOVA Y SU JARDÍN DE ALÁ

Nazimova fue una actriz de origen ruso nacida a finales del siglo XIX, por lo que hoy en día pocos saben de su fascinante historia y de sus peculiares vivencias; fue una mujer que mostró sin tapujos y sin miedo su avanzada mentalidad en una época en la que la tolerancia hacia lo “diferente” era prácticamente inexistente. Provocadora en la misma medida que talentosa para el arte de la escena, durante unos años llegó a ser la reina absoluta de un cine que comenzaba a florecer.

Se convirtió en una de las damas más poderosas del cine mudo, ya que todo proyecto en el que se embarcaba acababa siendo un éxito; y es que Nazimova tenía un don especial: algo etéreo e indefinible que atraía el deseo y la admiración tanto de hombres como de mujeres; éstas últimas la encontraban muy “chic” y vanguardista, y parece ser que su poder de persuasión y magnetismo personal eran infinitos, aunque lo cierto es que también ayudaron mucho la gran fama conseguida por su condición de intérprete, y una boyante situación económica.

Divas como Marlene o la Divina, en ese momento jóvenes principiantes en esto del cine, asistían a sus espectáculos teatrales, o visionaban sus películas con auténtica devoción: de hecho Greta Garbo protagonizaría  el mismo papel que Nazimova en “Camille” casi dos décadas después, e incluso ambas llegarían a amar a la misma mujer, eso sí, cada una en una época diferente.

 

 

 

 

 

 

Y es que Nazimova fue una bisexual declarada que aunque sin alardear de su condición sí la insinuaba, ya que manifestaba sus preferencias sexuales prácticamente sin secreto alguno.

Cuando Nazimova se mudó a Hollywood, ya contaba con una sustanciosa fortuna, gracias a la cual pudo dar forma a uno de sus más grandes deseos:  una mansión de clara reminiscencia española, señorial, exquisita, impactante por ostentosa, rodeada de una entorno semitropical y una grandiosa piscina . El nombre elegido para tan fastuosa mansión fue “El jardín de Alá”  ¿Qué mejor que este nombre evocador de las más atrayentes y misteriosas leyendas orientales y este maravilloso entorno, para dar rienda suelta a secretos impronunciables, citas inconfesables, y fiestas interminables? 

Debido a la condición sexual de la actriz, la mansión pronto se convirtió en centro de reunión para numerosas actrices lesbianas o bisexuales que se sentían libres para manifestar sus deseos, y su sexualidad, sin repercusión social alguna.

Nazimova en este circulo tan cerrado y particular, tuvo affaires con numerosas actrices, y de vez en cuando también actuó de celestina para que se amaran algunas de ellas.

 

 

Profesionalmente Nazimova gozaba de un gran respeto, hasta que llegó el día en que tentó a la suerte, y revolucionaria y liberal como ella era, decidió estar rodeada en su siguiente producción exclusivamente de gays, lesbianas, y bisexuales. En “Salomé”,  Nazimova derrochó creatividad, vanguardismo, se preocupó ella misma de contratar a los mejores decoradores, a los mejores sastres, a los mejores coreógrafos,  rodeándose de esta manera de decorados exquisitos, vestuarios grandiosos, y coreografías novedosas jamás vistas.

 

Pero lo cierto es que el público americano no recibió la película con agrado, sobre todo por que ésta estaba pensada para personas de mentes abiertas, creativas y cultas, y no para el público de un país represivo, de conciencia colectiva puritana y homófoba. A partir de este hecho la actriz pasó a formar parte de la lista negra, y los estudios de cine prescindieron de su figura: comenzaba a vislumbrarse , aún en la lejanía, una etapa dictatorial y de censura que llevaría por nombre  “Código Hays”.

Tan sólo un año más tarde , la actriz comenzó a tener problemas económicos que la obligaron a vender “El jardín de Alá”; la increíble mansión de  Nazimova pasó a a manos de una nueva rica que mandó construir apartamentos y bungalows privados, quedando Nazimova como inquilina en uno de ellos.

Nada de lo ocurrido fue obstáculo para que numerosos actores y actrices siguieran visitando la que un día fuera propiedad de Nazimova, y de hecho con el transcurso del tiempo muchos fijaron allí su residencia, y otros tantos hubiesen dado una parte de su fortuna por codearse con la gente que allí se congregaba, por cierto cada vez de manera menos tímida.

La lista de nombres es interminable, y entre ellos podemos encontrar el de Marlene que fue una de las más fervientes defensoras del “circulo de costura”, este termino lo acuñó la misma Nazimova para referirse al grupo de mujeres lesbianas y bisexuales que se reunían clandestinamente para dar rienda suelta a sus tendencias sexuales , Greta Garbo, Clara Bow, John Barrymore, Harpo Marx, Ramon Novarro, Joan Crawford y cientos de nombres que se barajaron, pero de los que nunca se supo su identidad concreta : y es que muchos de ellos no querían ser vistos en el jardín de Alá, pero si disfrutar de él.

Era de esperar que con tanto ir y venir de artistas, la sociedad comenzará a preguntarse qué era lo que ofrecía el tan deseado “Jardín de Alá,” y los rumores se fueron propagando como la pólvora, adquiriendo el lugar una reputación hedonista que no gustó nada a la sociedad, y sobre todo a la industria del cine, ya que veía peligrar su imagen, pues la mayoría de los que visitaban la mansión eran actores o actrices muy conocidos.

Se hablaba de alcohol a raudales, cuando en esos momentos estaba instaurada la Ley Seca, de drogas,  orgías lésbicas, y a consecuencia de tanto exceso también se habló de disputas, robos y chantajes .

Al implantarse el código Hays, en el año 1934, la “inmoralidad ” en la pantalla de cine se limpió de un plumazo, tan sólo besos castos y poco más; lo más terrible es que el código persiguió a estas artistas hasta su propia vida privada, y muchas de ellas se casaron  con compañeros del gremio homosexuales, que al igual que ellas eran perseguidos por su condición sexual.

Aunque lo cierto es que muchas actrices de décadas posteriores, siguieron jugando con su sexualidad sin temor a las represalias, y algunas de ellas incluso sacaron partido de su ambiguedad; Tallula Bankhed, Marlene Dietrich, o Greta Garbo fueron los casos más conocidos.

 

Respecto a Nazimova, siguió cosechando éxitos en teatro con obras como “El luto de Electra”, y recibiendo visitas de fervientes admiradoras que llevaban por nombre Marlene y Greta, pero la actriz ya era demasiado mayor para entrar en los juegos sexuales que había practicado antaño.

Participó en la película “Sangre y Arena” (1941), encarnando a la madre de una rutilante Rita Haywort, y todos alabaron su trabajo: se notaba de lejos que Nazimova era una actriz de raza.

Sus últimos años los vivió holgadamente y libremente junto a una mujer llamada Dolly.

“El jardín de Alá”, tras varias décadas de apogeo, fue entrando en decadencia, y finalmente se construyó un centro comercial en su lugar, lugar por cierto conocido como Sunsent Boulevard.

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