LUCILLE BALL


Fue de las pocas actrices con auténtica capacidad para hacer reír al público: tenía ese mágico don de alegrar la vida de los demás casi sin pretenderlo.


Ese rostro agraciado de Lucille no parecía estar hecho para materia cómica, sin embargo sí lo estaba su carácter extrovertido, vital , alegre, y ésto último, sin duda, fue la clave de su éxito.

Su pretensión inicial fue la de dedicarse a la interpretación más seria, ya que se matriculó en la Escuela de Arte dramático de Nueva York, pero aconsejada por la misma profesora que le impartía clase optó por abandonar tal propósito, ya que no encontraban  en ella cualidades suficientes para tales menesteres.


Encaminó entonces su futuro hacia otras miras, y como su físico se lo permitía, comenzó a modelar y ejercer de corista en un conjunto que fue el que de alguna manera le abrió las puertas del cine. Una vez en Hollywood, paseó su belleza natural por varias comedias musicales, entre otras “Sombrero de copa”, junto a Fred y Ginger, o  “Sigamos la flota” de nuevo junto a estos dos intérpretes, pero ya con un papel secundario algo más relevante.

Sus compañeros más frecuentes en el cine fueron cómicos de la talla de Bob Hope o Red Skelton, y no perdió la batalla ante ellos.

Participó en películas inolvidables como “Damas del teatro”, “El hotel de los líos” o “Ziegfeld Folies”, pero lo cierto es que no fue hasta finales de los años cuarenta cuando Lucille consiguió algo de notoriedad en el cine con películas como “Envuelto en la sombra”, “El asesino poeta”, o “El Rey del Oeste”.




A finales de los años cuarenta la televisión emergió con fuerza en los EE.UU, y Lucille, tal vez porque nunca llegó a ser una estrella deslumbrante en la gran pantalla , o, lo más probable,  porque fue una de las tantas a las que se persiguió en la caza de brujas iniciada por McCarthy, decidió abandonar el mundo del cine.


Lucille, para más inri, estaba casada con un cubano llamado Desi Arnaz, por lo que las suspicacias hacía su persona se multiplicaban por cien. Negros nubarrones amenazaban a la artista, que era señalada por la prensa amarilla como comunista, y además proclamada, ya que ella misma en los años treinta anotó su nombre en la lista de afiliados al citado partido.

 



Como otras muchas artistas, probó suerte en la televisión, sin tener aún idea de que sería ésta, la pequeña pantalla, la que le concedería los más grandes éxitos de toda su carrera profesional. 


Lucille y su marido formaron una productora propia, y muy pronto su programa “I Love Lucy”, fue el preferido del público norteamericano.


El éxito de la serie se basó en una reflexión de la propia actriz: ¿qué mejor que darle al público una serie de ficción que los haga reír y los entretenga, pero que sea cercana a sus vivencias cotidianas, y con la que se puedan sentir en cierta medida identificados?

Lo cierto es que no fue totalmente una novedad, ya que algún tiempo antes de que la CBS le ofreciera llevar este proyecto a la televisión, Lucille ya andaba trasteando por la radio con un programa llamado “Mi esposo favorito”, que fue acogido estupendamente por el público y que en realidad fue el preámbulo de la serie “I love Lucy!





El programa fue innovador en muchos aspectos, ya que fue el primero en ser filmado con público presente, y éste hecho lo dotaba de una calidez y una familiaridad que agradaba al televidente.


El personaje elegido por Lucy resultaba cercano al tratarse de un ama de casa, que andaba buscando en la vida algo más que las tareas domésticas.

 



Todo esto unido a la gran gestualidad de Lucy, y sus grandes ojos que expresaban más que las palabras, convirtió a la serie en una de las más vistas de toda la historia televisiva americana.


El primer episodio se retransmitió en el año 1951, y el programa duró en antena hasta 1957, año en que decidieron no prolongar más la emisión, y no precisamente por falta de audiencia, llegó a tener en una sola emisión 44 millones de televidentes, sino porque Lucy tenía en mente otro proyecto que pudo llevar a cabo con el mismo éxito y la misma audiencia, y que llevó por nombre “The Lucy-Desi Comedy Hour”.


Tras casi tres décadas de matrimonio decidió separarse de Desi Arnaz, hombre que sin duda contribuyó a potenciar  y engrandecer su imagen en televisión, y sus vidas siguieron caminos diferentes.


A partir de este momento Lucille se convirtió en una destacada mujer de negocios, y siguió produciendo series, que sin lograr el gran éxito de la primera, fueron acogidas con agrado.


“Los tuyos, los míos, y los nuestros”, fue la última película que le aportó un gran éxito, junto a Henry Fonda, y que volvió a tratar las vivencias cotidianas de una familia.

 



Lucille falleció un día de Abril del año 1989, pero para los americanos ya forma parte de la memoria colectiva. Aquella pelirroja pizpireta, hermosa, de ojos grandes y labios voluptuosos, que fue capaz con un físico deslumbrante de convertirse en la amiga ,en la esposa, en la vecina alocada pero deliciosa…, pero que por encima de todo fue capaz de convertirse en “la reina de la comedia”, siempre tendrá un destacado lugar en el corazón de los norteamericanos.






2 comentarios

  1. Laureano Rua Orozco

    Unforgettables Lucille Ball and Desi Arnaz…good rememberings from our past.

    23 mayo, 2013 en 01:48

  2. Luis Manzur

    Han sido pocas las comediantes que me han hecho reir como ella. Eran tan sencillas y naturales sus acciones que uno no dejaba de reir. Magnifica Artista. A las nuevas generaciones le recomiendo que la vean.

    19 abril, 2014 en 03:57

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