AQUELLAS ACTRICES PRE -CODE

Siempre he sentido predilección por el cine que se rodó en las décadas veinte y treinta del siglo pasado. Pienso que fueron décadas muy fructíferas en las que, aunque se comenzaba a experimentar con este novedoso arte, se consiguieron resultados maravillosos que con el transcurso de los años, han sido reconocidos como auténticas joyas del séptimo arte.

También me resulta muy atrayente todo aquél glamour que rodeaba a los intérpretes de la época. Aunque si hay que contar las cosas con la veracidad que cuenta la misma historia del cine, las primeras estrellas que hicieron disfrutar a los espectadores eran prácticamente anónimas, ya que lo único que aparecía en los rústicos títulos de crédito de la época, eran el nombre de la película y la marca registrada.

Más viendo que los intérpretes gozaban de una gran simpatía y admiración por parte del público , decidieron dar más relevancia al actor cuyo nombre comenzó a aparecer en un lugar privilegiado de los créditos, trazándose de esta manera una pequeña pincelada de lo que más tarde se conocería como Star System.

Nombres como el de Rodolfo Valentino, Douglas Fairbanks, Mary Pickford, Theda Bara, Gloria Swanson o la gran Nazimova que fue actriz  y productora de obras tanto cinematográficas como teatrales, a los que el público convirtió, de la noche a la mañana, en dioses inalcanzables.

El papel de la mujer en el cine en aquellos años fue fundamental para convertir lo que comenzó simplemente como una atracción para las clases más bajas, en un auténtico fenómeno social del que todos querían disfrutar.

Al principio de la historia del cine, la mujer tenía unos roles claramente establecidos: la ingenua, la vampiresa, la chica de provincias que busca suerte en la gran ciudad etc

Pero a partir de los años veinte, las actrices encarnaron personajes muy complejos para la época. Se mostraron ante el publico como mujeres femeninas y sofisticadas, pero atrevidas y dominantes de su vida, sus ilusiones, sus proyectos profesionales… y su sexualidad.

No es que el entorno social en América estuviese cambiando y este hecho se reflejara en el cine; la mujer en su día a día seguía manteniendo el mismo rol de sumisa ante el hombre, pero los avispados mandatarios del cine se percataron de que estas mujeres provocadoras, eran el gancho perfecto para un espectador poco acostumbrado a encontrarse en la vida real con féminas tan emprendedoras y autosuficientes: un verdadero escándalo para la época.

La primera actriz que se ganó a pulso el título de provocadora fue sin duda Mae West. Bajo esa apariencia de vampiresa, se escondía una mujer de pensamiento libre, a la que nadie conseguía callar. Sus populares citas han pasado a la historia, pero las provocadoras palabras de Mae, no se las llevaba el viento como en otros casos que no pasaban de ser frases estudiadas y escritas por guionistas que pretendían escandalizar al público. En el caso de esta mujer, la profunda convicción que tenía de su libertad y de su igualdad con el hombre, la llevó a experimentar con producciones arriesgadas, en las que mostraba sin prejuicios las diferentes maneras de ver y disfrutar de la sexualidad, amén de dotar a la mujer de una óptima capacidad para emprender proyectos: ella misma aventuró su dinero y su reputación en numerosas ocasiones, dando así testimonio de esta cuestión en primera persona.

Aunque Mae se dedicó principalmente al vodevil, y cuando llegó al cine ya rozaba la cuarentena, tan sólo hicieron falta siete u ocho películas para inmortalizarla en el cine.

“Lady Lou, nacida para pecar”  o “No es pecado” son una pequeña pero buenísima muestra, de lo afilada que tenía la lengua esta mujer.

Los casos de Theda Bara o el de Jean Harlow, fueron quizá más premeditados, ya que sus atrayentes personalidades fueron más un producto de marketing por parte de los estudios, que otra cosa.

A Theda Bara, le inventaron unos orígenes orientales y misteriosos, y con Jean Harlow encontraron a la mujer perfecta para escandalizar a la población debido a su bonito físico, su espontaneidad, y su imparable ambición.

Lo cierto es que Jean Harlow no era considerada una buena actriz, pero al público le encantaba verla en la gran pantalla toda deshinibida ella, y toreando con esmero y arrogancia, a la puritana sociedad de la época.

Títulos como “La Pelirroja” o “Tierra de pasión” en los que encarnaba a mujeres fuertes, decididas conscientes del poder de seducción que les otorgaba su cuerpo, que por otra parte insinuaban descaradamente.

Miriam Hopkins también fue de las actrices que decidió interpretar personajes sustanciosos y temerarios para la época, como hizo en la película “Una mujer para dos” en la que como su propio nombre indica compartía pasión con dos hombres al mismo tiempo.

El entrañable Tarzán igualmente se las tuvo que ver con una mujer de personalidad liberal, y lo pudimos ver junto a una Jane de lo más seductora, quizá Maureen O’Sullivan fue la primera que se atrevió a mostrar su cuerpo desnudo en el cine, nadando desnuda en los peligrosos ríos africanos.

Una película que siempre se suele poner de ejemplo como la más representativa de la época anterior al código Hays, es “BabyFace” (1933). Bárbara Stanwyck deslumbrante en el papel de devoradora de hombres, astuta y depredadora, que utilizando todos sus encantos y su inteligencia logra escalar posiciones sociales, aunque a su paso queden destrozados algunos corazones.

Otro ejemplo de actriz guerrera fue Norma Shearer, que en el año 1930 y con la película “La divorciada” se atrevió a mostrar el tema del adulterio femenino con toda la naturalidad del mundo.

La lista de actrices que decidieron apostar por el cambio de rol y encarnar este tipo de personajes de mujeres liberales, decididas y arriesgadas fue muy sustanciosa. Nombres como Constance Bennet, Joan Blondell, Claudette Colbert, Joan Crawford o la mismísima Greta, que se atrevieron a mostrar con naturalidad actitudes de mujeres libres y valientes en un mundo hostil dominado por los hombres.

Estas mujeres aportaron al cine la frescura, la naturalidad, la libertad que necesitaba una sociedad reprimida, y se convirtieron en ejemplo para miles de mujeres anónimas que deseaban para sí mismas esa fuerza y esa determinación para afrontar la vida.

Fue una época maravillosa, imaginativa, de estética preciosa y sobre todo rompedora en cuanto a estereotipos femeninos… hasta que vino un tal Hays y se encargó de destrozar todo lo conseguido.

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